Blog personal i polític de Manuel Cáceres
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Elogio del gris
22 dic
El gris es un color con muy mala prensa, y no se lo merece. Sí, es cierto que un día en el que el cielo cambia su habitual color azul por el gris, como el de ayer y posiblemente el de hoy, te mete una carga adicional de tristeza en el cuerpo que hace más difícil enfrentarse a la vida, pero creo que eso no es razón suficiente para cargarlo con tantas y tantas connotaciones negativas.
Utilizamos gris como sinónimo de triste, anodino o mediocre, y como opuesto a brillante. Los hombres de gris son los malos que le quitan el tiempo a la gente en Momo, la conocida novela de Michael Ende, y El hombre del traje gris es el título de uno de los más tristes discos de Sabina.
Pero a menudo se olvidan otras acepciones positivas del gris. Gris también es sinónimo de discreto, y aunque en esta sociedad nuestra en la que priman la exageración y la apariencia la discreción no vende demasiado, para mí es una virtud importante, a menudo requisito imprescindible para la consecución de los objetivos realmente difíciles. Por no decir que entre el blanco nuclear y el negro azabache, entre los dos extremos de cualquier discusión, está el gris, o los grises, para ser más exacto. Harto de ver como se pretende tener la verdad absoluta, como los fanáticos del Mac desprecian el PC (y viceversa), los talibanes de Linux anatemizan Windows (y viceversa) o los guardianes de las esencias del Explorer ningunean Firefox (y viceversa), y esto solo por poner tres ejemplos informáticos, que podríamos encontrar en cualquier faceta de la vida, quiero hoy reivindicar el gris, el gris como símbolo de que en la vida casi todo es relativo, de que el bien y el mal en estado puro son difíciles de encontrar, de que incluso de lo negativo podemos sacar algo positivo y de que hasta en la posición más opuesta a la nuestra podemos reconocer parte de razón. Y es que, nos guste o no, y en el buen sentido de la palabra, la vida es GRIS.



