Il·legitimitat democràtica

Sentia fa uns dies a Mariano Rajoy esmentar els deu milions de vots obtinguts a les darreres eleccions, fa poc més de quatre mesos, com a justificació per a no fer cas de les massives protestes que es preparaven contra aquesta salvatjada antisocial que alguns anomenen reforma laboral. I no és quelcom aïllat, ho deuen tenir a l’argumentaria, perquè fa només tres dies, Fatima Báñez, aquesta ministra de d’ocupació (com ara es diu el seu ministeri) que durant tota la seva vida laboral només s’ha dedicat a la política, esgrimia també els famosos deu milions de vots com a aval de l’esmentada reforma.

Cal reconèixer que, per a un observador circumstancial, la cosa podria tenir una certa lògica: aquesta gent han guanyat unes eleccions fa només quatre mesos, i per tant cal deixar-los que desenvolupin el seu programa electoral. Però en aquest cas, quelcom grinyola … Què passa si la salvatjada en qüestió no estava al seu programa electoral? I, encara més greu, què passa si durant la campanya electoral que els va portar a la victòria van afirmar expressament que en cap cas farien el que, només quatre mesos després, han fet?

“El Partido Popular no va a apoyar abaratar el despido en ningún caso … no se puede hacer una reforma laboral sin hablar con los sindicatos”

Recordeu aquestes frases? Són d’Esteban González Pons entrevistat per Ana Pastor en La 1, podeu veure’l i sentir-lo aquí:

És legítim, tot just passades unes eleccions, fer precisament el que de forma expressa i clara vas dir que no faries? Per a mi no. Es totalment inacceptable, es un frau i és antidemocràtic. El programa electoral, i el que es diu durant la campanya, és una mena de contracte entre el partit i l’electorat. Puc entendre que les circumstàncies canvien i que potser de vegades es diu que es farà tal o qual cosa que, després, no resulta possible fer. Pot passar. Però això no es pot fer quan només han passat quatre mesos des de les eleccions i les circumstàncies són les mateixes. I, molt menys, utilitzar per contestar les protestes ciutadanes l’argument de que els vots t’avalen, quan el votant, si va creure el que el PP li deia (que ja és ser crèdul, certament), pensava que estava votant un partit que en cap cas abaratiria l’acomiadament, com ara ha fet.

Es clar que, a aquestes alçades, no diré que m’estranyi, perquè el Partit Popular és, de sempre, el partit de la mentida i la manipulació. El partit que utilitza qualsevol mitjà per aconseguir el poder, des de comprar diputats a utilitzar conspiracions político-periodístiques. Que és, davant això, una o mil mentides? Pecata minuta. Això de la mentida no es accessori per als populars, està en el seu ADN. Quantes vegades han criticat una mesura quan eren oposició que després, quan són govern, implementen corregida i aumentada?

Recordeu a Soraya Sáenz de Santamaría parlant de la reforma laboral que va fer el PSOE (i que al costat d’aquesta sembla un acudit)?

O a Maria Dolores de Cospedal sobre una pressumpta amnistia fiscal que segons El Mundo preparava el govern del PSOE (que era mentida, però tant se val)?:

Mentides, mentides i més mentides … però ja veieu, elles les deixen anar tan fresques, sense que se’ls escapi el riure ni despentinar-se, i és que ningú menteix tan bé com un pepero.

Amb quina autoritat moral pot adreçar-se a la ciutadania un govern que sistemàticament l’enganya? Amb quina legitimitat pot demanar-li esforços i sacrificis? Evidentment, amb cap. I això no és bo, no ja per a ells, sinó per al país. I potser és ja temps de modificar la legislació per tal d’impedir aquestes aberracions. O això, o cada cop més gent es despenjarà del sistema, i quan això passi, quan cada cop més gent pensi que les eleccions no són la via per a expressar-se, tindrem un problema, perquè potser voldran expressar-se d’alguna altra forma menys pacífica.

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Demagogia nuclear

El tema de la energía nuclear, y todo lo que comporta, es ciertamente complejo, como lo suelen ser la mayoría de temas importantes, y los argumentos a favor y en contra han sido y son numerosos, y en su mayoría dignos de estudio. Es por ello que no tengo una postura clara al respecto, aunque sí un par de premisas que por evidentes quizás no sería necesario enumerar, pese a que voy a hacerlo aunque solo sea por poner un poco de orden en mi cabeza:

  1. Las necesidades energéticas mundiales, y de nuestro país en particular que es en lo que más quiero centrarme (y esto vale para España y para Catalunya), no van a disminuir, sino a aumentar, porque aunque cada vez se tenga más presente la variable energética en el diseño de todos los objetos que nos rodean (y de los edificios en que nos encontramos), el número de dispositivos que consumen energía cada vez es mayor, tanto a nivel doméstico como a nivel industrial.
  2. Si queremos satisfacer esa demanda energética creciente, debemos aumentar nuestra producción. Descartados a medio y largo plazo los combustibles fósiles, tanto por su disponibilidad limitada como por sus negativos efectos medioambientales, nos quedan la energía nuclear y las denominadas renovables (hidráulica, solar, eólica, etc.), u otras que puedan desarrollarse en el futuro.

Lamentablemente, y desde hace ya muchos años, se ha ido pasando de puntillas por el debate nuclear, pero sin entrar en él, manteniendo unas posturas típicas y tópicas (simplificando, izquierda antinuclear, derecha pronuclear) y aplicando la máxima catalana del qui dia passa any empeny (o dicho de otra forma, ir haciendo). Y algún día tendríamos que coger el toro por los cuernos y debatir el asunto de verdad, desterrando la división entre buenos y malos y adoptando la postura que más convenza a la mayoría, a sabiendas de que no hay fórmulas mágicas y que cualquier solución tendrá ventajas e inconvenientes.

Lo que no se puede, o no se debería hacer, es la demagogia que, tradicionalmente, se hace con este tema, de la que es buena muestra la actual polémica del Almacen Temporal Centralizado (ATC) (temporal porque el almacenamiento es por sesenta años, tiempo inferior al de vida de los residuos). Y no quiero con ello decir que todas las posiciones sean demagógicas, en absoluto, las hay demagógicas y las hay razonables.

Hay quien defiende que dicho ATC no es necesario, y que los residuos de alta actividad pueden seguir almacenándose en las piscinas o en los contenedores ubicados en las propias centrales que generan la inmensa mayoría de ellos. A ello se responde que el almacenamiento centralizado minimiza el número de instalaciones nucleares y optimiza los costes (al concentrarlos en una única instalación). En contra del ATC tendríamos por tanto el argumento del mantenimiento del status quo (siempre que no se supere la capacidad de almacenamiento de las centrales) y a favor los argumentos de ahorro económico y, para quien teme por los riesgos que pueda comportar, la concentración de dicho riesgo en una única instalación en lugar de repartirlo entre varias.

Bien, discutible y opinable. Pero lo que no lo es, es que dichos residuos de alta actividad existen y que las centrales nucleares en operación producirán más en el futuro, y alguna salida habrá que darles, digo yo. Y limitarse a decir no me los ponga usted en mi pueblo, en mi comarca o en mi comunidad autónoma, desprende un tufo a NIMBY (not in my backyard, no en mi patio trasero) que la retórica no puede disimular.

La decisión sobre la ubicación compete al gobierno del Estado, ciertamente, pero sería deseable que pudiera hacerse con la aquiesciencia de los habitantes del lugar dónde se ubique, y cuando digo esto me refiero a los del municipio o comarca, no a los de la Comunidad Autónoma. ¿Por qué un ciudadano de Figueres debería poder decidir si el ATC se ubica en Ascó, cuando tiene mucho más cerca Francia, y sobre eso no puede decidir? ¿Puede un ciudadano de Almadén (Ciudad Real, Castilla La Mancha), vetar la instalación en Villar de Cañas, de la que la separan 280 kilómetros por carretera? ¿Y si es así porque no puede vetarla en Santa Eufemia (Córdoba, Andalucía) que está a 28 o Capilla (Badajoz, Extremadura) que está a 26? Me temo que las Comunidades Autónomas tienen poco que decir en este asunto, diga lo que diga José Montilla, Artur Mas, Maria Dolores de Cospedal o el Parlamento de Castilla-La Mancha.

No se puede defender la autonomía municipal solamente cuando interesa, y cuando no, intentar imponer directrices unitarias. Como tampoco es de recibo criticar a los políticos por actuar al dictado de las direcciones de sus partidos, olvidando (dicen) los intereses de sus electores, y en cambio aplaudir que desde las sedes centrales de los partidos se den consignas de obligado cumplimiento en este tema. O acusar a los municipios que quieren albergar el ATC de tener motivaciones económicas, cuando dichas motivaciones están, evidentemente, detrás de casi todas las opiniones. Y puestos a decir, tampoco veo muy lógico posicionarse radicalmente en contra de todo lo nuclear, pero poner el grito en el cielo cada vez que alguien intenta hacer un parque eólico (que si es feo, que si afecta a la fauna), un campo solar o una presa. Ojo, no digo que las críticas a esas instalaciones sean infundadas, todas ellas tienen aspectos problemáticos, pero sí que en ocasiones hay que abandonar el perroflautismo, bajar del pedestal, de las nubes o de dónde quiera que se esté por encima del bien y del mal y tomar decisiones necesarias, porque si la energía no viene de una fuente, deberá venir de otra, salvo que queramos volver a vivir en la era preindustrial (opción respetable, pero que muy poca gente defiende).

Por eso, como antes decía, es preciso un debate sin prejuicios al respecto, un debate que cierre el tema por un período razonable, sin estereotipos, sin prejuicios, sin buenos ni malos, sin vencedores ni vencidos, y que nos permita encarar el futuro sin tener que estar a cada momento discutiendo de nuevo de lo mismo.

Y para finalizar, dejo aquí:

Por un lado, las palabras del alcalde de Villar de Cañas, del Partido Popular, quien creo que nos ofrece una perspectiva realista de la cuestión, más allá de partidismos.

Y por el otro la noticia del apoyo de 16 de los 17 municipios del área nuclear de la Ribera d’Ebre (salvo Flix) a la candidatura de Ascó para albergar el ATC (está en parte en catalán y en parte en castellano, son 59″, pero antes hay publicidad).

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