Resulta que Albert Boadella se nos va a Madrid (bueno, no dónde estaba, porque hace ya tiempo que se despidió de Cataluña). El caso es que Esperanza Aguirre le ha propuesto, y él ha aceptado, dirigir el teatro “El Canal de Isabel II”. No me extraña en absoluto. Y no me extraña porque sigue el camino de otros/as muchos/as (Cristina Alberdi, Gotzone Mora, etc.) que desde una inicial militancia de izquierdas han acabado en opciones conservadoras y, y no es un tema baladí, ocupando un cargo (retribuido, of course) en una Administración gobernada por el PP.

Y es que si algo tengo claro después de leer tantas y tantas opiniones del facherío de este país en blogs, foros y demás, es que los conversos les encantan. Que uno sea de derechas, les está bien, pero que sea de derechas habiendo sido antes de izquierdas, que haya visto la luz, o le haya pasado como a Pablo de Tarso cuando se cayó del caballo … vamos, esto les pone más que cualquier otra cosa. De hecho, hasta lo utilizan como un mérito, cuando inician sus mensajes diciendo “Yo antes votaba al PSOE pero …”.
Iba a titular este post “Madrid sí paga traidores”, pero no sería justo. No porque el PP no pague, que lo hace, sino porque no creo que pueda calificarse a Boadella de traidor. Esta es una palabra que no me gusta nada y que reservo para quien realmente lo merece. Boadella no es un traidor, simplemente ha cambiado de opinión. Quizás en este cambio ha influido el hecho de que ha visto que los que él pensaba que cuando gobernaran iban a tratarle de forma preferente no lo han hecho, y por tanto es cuestión de ganarse la amistad de otros menos desagradecidos. O quizás eso sea solo una casualidad.
Con todo, algo no le perdonaré nunca a Boadella, y adláteres, y es las mentiras que han dicho y siguen diciendo sobre la situación del castellano y del catalán en Cataluña. Las opiniones son libres, pero no acepto la mentira, y mucho menos cuando se practica para obtener un rédito político a costa de poner en peligro la convivencia.