Blog personal i polític de Manuel Cáceres
Entrades etiquetades amb Estatut
Iguales, pero no tanto
27 oct
Estos días, a cuenta del Estatut de Catalunya estamos oyendo por doquier hablar sobre la igualdad, sobre todo desde las posiciones conservadoras, pero también desde algunas posiciones progresistas.
Se utiliza mucho la bonita frase de que los territorios no tienen derechos, sino que los derechos corresponden a los ciudadanos (cosa evidente, lo que pasa es que cuando se dice que Catalunya tiene derecho a algo, se quiere decir que sus ciudadanos lo tienen). Se nos dice también a todas horas que todos los españoles deben tener los mismos derechos, sea cual sea la comunidad de residencia, y que el Estatut rompe la igualdad entre ellos.
Si lo tomamos en su sentido estricto, ya hoy no hay igualdad, porque con el marco legal vigente, dependiendo de la comunidad en que resides tienes unos derechos diferentes. No los básicos, pero sí otros también importantes (y si así no fuera, no sé para qué querríamos la autonomía). Y al parecer para algunos la situación actual es la perfecta por los siglos de los siglos.
Pues bien, si resulta que los territorios no tienen derechos, y que en aras de la igualdad no debemos permitir ninguna diferencia, pregunto:
¿Cómo casa con eso que, según datos oficiales del Ministerio del Interior para elegir un Diputado en Barcelona hagan falta más de noventa mil votos (el PSC tuvo en las pasadas elecciones generales 14 diputados con 1.268.028 votos) y en cambio para elegirlo en Soria no hagan falta ni quince mil (el PP tuvo 2 diputados con 29.187 votos)? ¿Es igualdad que el número de votos necesarios para elegir un diputado se multiplique por seis en función de la circunscripción? ¿No preocupa esto a los defensores de la igualdad?
Espero respuestas, pero mucho me temo que en este, como en otros casos, lo malo no es la acción, sino su autor.
Opinar sobre la Constitución
24 oct
Estos días ha presentado el PP su campaña contra el Estatut, fundamentada en que, según dicen, al tratarse de una reforma de la Constitución, debe tramitarse como tal.
Pero la endeblez del argumento es tan poca que me temo que, como la mayoría de campañas de esta gente, va dirigido a un público o incondicional, o poco informado, o ambas cosas. Porque, en este país, y según esa sacrosanta Constitución que tanto invocan cuando les conviene (y que tan poco gustaba a su presidente de honor cuando fue aprobada), quien decide sobre la constitucionalidad de las leyes es el Tribunal Constitucional, y lo hace a posteriori, una vez aprobadas por las Cortes, no a priori. Por lo tanto, si el Estatut es aprobado y el PP entiende que su redacción final (que no tiene por qué ser la actual) vulnera la Constitución, que lo impugne ante dicho Tribunal (cosa que todos sabemos que hará en cualquier caso) y el Tribunal Constitucional será quien lo decida.
Porque, siguiendo el razonamiento pepero, cualquier proyecto o proposición de ley presentado a las Cortes debería tramitarse como reforma constitucional solo con que alguien tuviera dudas de su constitucionalidad. Y en este caso, el Tribunal Constitucional se dedicaría solo a los conflictos de competencias y a los recursos de amparo, porque como todas las leyes serían constitucionales (ellas mismas reformarían la constitución) los recursos y las cuestiones de inconstitucionalidad sobrarían. En fin, una absurdidad más, y ya no sigo por aquí.
Pero me he fijado en que la citada campaña tiene un anuncio donde se ve una foto de tres niños, ahora ya treintaañeros, que reivindican su derecho a opinar si se quiere cambiar la Constitución. Y yo estoy de acuerdo en eso, quiero decir en el derecho a opinar sobre la Constitución, pero sobre la que ahora tenemos. Porque he de decir que yo (que no soy treintaañero sino cuarentón, palabra fea dónde las haya) nunca he podido opinar sobre esta Constitución, porque cuando se celebró el referéndum no pude votar. Y como yo, tantos y tantos españoles, según unos números que he hecho (es que a pesar de todo, soy de ciencias) y que aquí expongo: en el referéndum constitucional votaron sí unos 15.700.000 ciudadanos, que representaban algo así como el 41,60% de la población total (no del censo). Teniendo en cuenta los fallecimientos a lo largo de estos 27 años, de esos votantes del sí pueden quedar vivos algo más de 12.000.000 (es una estimación al alza realizada por mí a partir de datos del INE sobre los fallecimientos desde 1979 hasta 2004, suponiendo que los que votaron la constitución se mueren igual que los que no la votaron, quizás no muy ciéntifica, pero que a los efectos puede servir). Y esos 12.000.000 representan poco más de un 28% de la nuestra población actual. Dicho de otro modo, hay más de 30.000.000 de españolitos y españolitas, más de un 70% de la población que no votaron sí a la Constitución (que no votaron porque no pudieron o porque no quisieron, o votaron en blanco, o votaron no).
¿Quiero decir que esa es una razón por la que la Constitución debe modificarse? Es obvio que no. Países con constituciones más antiguas que la nuestra no las modifican por el solo hecho de que no quede viva ninguna persona de las que las votaron. Pero lo que no podemos hacer, ni con una constitución ni con ningún otro texto legal es sacralizarlo, como algunos pretenden (precísamente aquéllos a los que al principio no les gustaba). Porque si bien es deseable que una constitución, como norma fundante básica, tenga una estabilidad y una durabilidad en el tiempo, también es deseable que su contenido sea acorde con la voluntad de los ciudadanos a los que se aplica, que, por ejemplo ahora en España, en buena medida ni son los mismos que la votaron cuando se promulgó ni tienen por qué compartir sus mismas inquietudes.
Así que si hemos de opinar, yo me apunto. De momento, quiero opinar sobre la monarquía y sobre las relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y demás confesiones, y no dudo que en coherencia con la preocupación que ha demostrado porque podamos opinar, el Partido Popular respaldará esta petición. ¿O no?
Solidaridad versus crecimiento
13 oct
Me ha llegado al ordenador un escrito de Ramón Tremosa que creo explica bastante bien el por qué Catalunya necesita un nuevo modelo de financiación. No quiero decir que lo suscriba al cien por cien, pero creo que es interesante como elemento de debate y por ello lo reproduzco (aun sin permiso del autor):
El nuevo Estatuto catalán nace por acuciante necesidad: el PIB y la renta disponible por cápita y la productividad por ocupado en los últimos años están estancados en Catalunya. En 2003 y 2004 el 90% de la destrucción del empleo industrial español se produjo en Catalunya, que ya no participa en los nuevos sectores económicos generadores de alto valor añadido como la aeronáutica o la biomedicina (5% y 6% del total estatal, frente al 60% y 80% madrileño). Hay casi 1,5 millones de catalanes que viven con una renta disponible inferior a la media española, afrontando niveles de precios mayores que la media estatal (25% en IPC y 100% en vivienda). El secular déficit de infraestructuras que no responde a una conjunción astral desfavorable sino a una asfixia premeditada (Trias Fargas, 1985), limita el crecimiento económico catalán y ahoga sus expectativas de futuro: hoy hay barrios del cinturón de Barcelona con un fracaso escolar del 50% a los 16 años y comarcas enteras se acercan al desierto industrial: de seguir así en 2015 Catalunya será un territorio pobre en el contexto español, con las variables “per cápita” antes citadas inferiores a la media estatal.Una de las causas del estancamiento es el déficit fiscal catalán con el Gobierno central: la persistente y creciente diferencia entre los impuestos que recauda anualmente en Catalunya dicho Gobierno y el gasto público que recibe del mismo descapitaliza la economía catalana (últimos datos: Generalitat 2001, 11.307 millones de euros, 9,2% del PIB catalán; Funcas, 2003, 14.230 millones de euros, 9,7% del PIB: 452 euros por segundo) La negativa a publicar las balanzas fiscales del actual Gobierno socialista, tal como ya hizo el PP, alimenta la sensación de expolio fiscal: el talante no alcanza a las memorias de gasto público liquidado, no presupuestado, por territorios en España.
Los defensores del statu quo insisten repetidamente en la idea de igualdad. Hay que distinguir entre la deseable igualdad de oportunidades y la perversa igualdad de resultados. Hoy en España, después de impuestos pagados y de transferencias recibidas, se inviertan posiciones en el paso del PIB por cápita a la renta disponible por cápita, entre autonomías pagadoras como Catalunya y receptoras como Castilla y León (Funcas). Todo sistema de nivelación de cualquier Estado federal establece límites al que paga y al que recibe, para evitar los efectos perversos de la “inversión de ránkings”: ahogar la capacidad de generación de riqueza del que aporta en exceso y generar incentivos de subdesarrollo racional en el que recibe también en exceso.
Racional underdevelopment es el documento 114/2001 del Banco de España. Referido a Italia. Desmet y Ortuño concluyen que las transferencias fiscales públicas no estimulan el crecimiento económico: su carácter estructural hace que las regiones menos desarrolladas acepten racionalmente permanecer subdesarrolladas mientras continúe el carácter estable de las subvenciones. Eurostat muestra que, a pesar de la masiva recepción de fondos europeos y estatales entre 1997 y 2001 el PIB por cápita de las regiones del Sur de Italia ha descendido de 67% al 66% de la media europea, en unos años de notable deslocalización industrial de empresas del norte de Italia…. Hacia el Este europeo.
Ante el espectacular crecimiento de estos últimos países, sin subvenciones públicas por cierto, Poschmann (1998) también cuestiona dicha eficacia al concluir que <
>. Celebro el extenso catálogo de servicios sociales que algunas autonomías ofrecen a sus habitantes, pero con la actual financiación hoy la Generalitat no puede ofrecerlos a los catalanes de rentas más bajas: municipios del cinturón de Barcelona de 60.000 a 150.000 habitantes apenas disponen de residencias de ancianos, guarderías, piscinas, bibliotecas o polideportivos públicos. La economía de peaje privada catalana, que históricamente ha tenido que suplir la falta de stock de capital público, empieza en autopistas, escuelas y hospitales privados y alcanza ya el bañarse o el jugar al fútbol. Y no vale cargarle todas las culpas a la Generalitat, que hoy sólo recauda el 20% de los impuestos de Catalunya. En este debate faltan también referencias a la eficiencia económica. El estancamiento catalán guarda relación con la no descentralización de impuesto de sociedades y el régimen común ha sido lesivo: si las autonomías son muy diferentes en dimensión y especialización productiva, ¿es eficiente un café para todos en la distribución de los impuestos? La patronal egarense CECOT apoyó hace un año, por razones de eficiencia, una financiación equivalente a la foral, que hoy suscriben cámaras de comercio, agrupaciones empresariales y colegios profesionales de Catalunya (Fomento del Trabajo ya lo pidió en 1898). Y CC.OO y UGT argumentan que con un déficit fiscal catalán del 10% del PIB no hay en Catalunya politica social posible.
A diferencia de las grandes empresas de servicios madrileñas, las empresas industriales catalanas compitan en mercados internacionales abiertos y no regulados. Ello determina una muy asimétrica presión fiscal sectorial y territorial. Gaëtan Nicodème afirma que las empresas manufactureras europeas están fiscalmente discriminadas frente a las empresas de servicios europeas de telecomunicaciones, energía y agua (DGEFA, 175/2002): estas últimas obtienen de los reguladores estatales jugosas deducciones en el impuesto de sociedades (ingeniería fiscal), llegando a pagar un tipo impositivo efectivo final en el impuesto citado hasta un 50% inferior al de las empresas industriales. Es urgente aplicar a estas últimas en Catalunya una política fiscal pro-competitiva al estilo irlandés o vasco, donde las empresas pagan entre un 10 a un 15% del beneficio en términos de cuota líquida, lo que fomenta decisivamente la reconversión industrial hacia sectores de mayor valor añadido. Lo que no ha hecho nunca el Estado pretende hacerlo la Generalitat.
Euskadi está protagonizando una transformación industrial reconocida y premiada internacionalmente (Michael Porter,2002; Financial Times, 2003): las exportaciones vascas aumentaron un 25% en el 2004, un 75% en sectores de valor añadido alto y medio-alto, y acaban de superar por primera vez las exportaciones de Andalucía. Por el contrario, en los últimos años ha sido muy larga la lista de industriales catalanes que han ido a Madrid a solicitar las deducciones que obtienen sus competidores de otros países en el impuesto de sociedades y que han vuelto sin nada con un golpecito en la espalda. Exportando servicios pero sin tradición industrial alguna. Madrid es simplemente indiferente a las necesidades de la manufactura industrial y exportadora catalana. Hoy el sector público español alcanza el 40% del PIB y ostenta un poder regulador sin parangón (que hacen hoy del puente aéreo Barcelona-Madrid-Barcelona el más transitado del mundo: ¡qué paradoja de la descentralización en España!); un elemento clave de la competitividad empresarial pasa por la complicidad total de la Administración hacia su industria.
Un modelo de financiación autonómica eficiente, aunque sea asimétrico, y que impulse el crecimiento económico catalán irá en beneficio de todos. Michael Porter afirmó en Bilbao en 2002 que la grandeza de los EE.UU no se debe a Washington DC, sino a que los Estados son casi independientes fiscalmente y practican una fuerte competencia en política fiscal, que fuerza a reducir el gasto público superfluo y hace más eficiente el sector público.
Mucho de todo esto hay detrás del sí del 90% del Parlamento catalán al nuevo Estatuto.



