Blog personal i polític de Manuel Cáceres
Entrades etiquetades amb Catalunya
En Moncloa están enfadados … ¡pues anda que aquí!
11 jun
Leo en La Vanguardia que en Moncloa están enfadados porque desde el PSC se ha indicado como una de las causas del retroceso electoral la falta de acuerdo de financiación. Continúan diciendo que en Moncloa piensa que si ahora el bajón es por culpa de Zapatero, también correspondería a Zapatero el mérito de la victoria electoral del año pasado.
Volvemos aquí a la estúpida controversia de la “propiedad” de los votos. ¿Son del PSOE? ¿Son del PSC? En otros tiempos, cuando Pasqual Maragall era Alcalde de Barcelona, había quien la planteaba en términos ¿Son de Pasqual Maragall? ¿Son del PSC? Y si ya entonces esta polémica me parecía bastante estúpida, porque lo único que estaba claro es que tanto Pasqual Maragall sin el PSC y como el PSC sin Pasqual Maragall salían perdiendo, en los términos actuales lo es mucho más.
Y lo es mucho más porque creo que, aunque fuera posible disociar qué es lo que más pesó en la mente de cada elector para votar las listas del PSC en las generales de 2008, y así asignar los votos a Zapatero o al PSC, eso ahora importa poco o nada.
Mucho más importante que por qué dieron su voto los electores, es para qué lo dieron. Y creo que en eso no hay dudas: lo dieron para que se cumpliera aquello que se les prometió, entre otras cosas, la consecución de un acuerdo de financiación que, cumpliendo lo establecido en el Estatut (que el PSOE y Zapatero votaron), pusiera punto final a la insuficiente financiación que históricamente habia venido soportando Catalunya.
Pero han pasado ya muchos meses y el acuerdo no ha llegado. Y no ha llegado porque las propuestas que efectúa Zapatero (o Solbes, o Salgado) son, a juicio del gobierno de la Generalitat, en cuyo criterio confío al cien por cien, insuficientes. Quizás alguien ha hecho un mal cálculo, y ha pensado que la situación es como cuando gobernaba Convergència i Unió, que aceptaba cualquier cosa presentándola como un gran acuerdo conseguido gracias a ellos para, unos meses después, volver a abrir la negociación diciendo que aquello ya no valía. Pero no, el gobierno de Catalunya pide, exige, un acuerdo justo, que obedezca no a un mercadeo, a un cambio de financiación por votos, sino a las reales necesidades de Catalunya.
Y es normal que, en estas circunstancias, el electorado catalán se sienta defraudado y, como es totalmente lógico, lo exprese con su voto. No sé en qué medida eso ha influido en los resultados del domingo pasado, pero tengo claro que algo ha influido, y explica una parte de los votos perdidos. Igual que tengo claro que esta situación está provocándonos desde ya hace meses un desgaste (al menos en Catalunya) que nos podríamos haber ahorrado si el gobierno de España hubiera afrontado la negociación con otra disposición, digamos menos cicatera.
En manos de Moncloa, y no en las del gobierno de Catalunya, está acabar cuanto antes con esa situación. Si no lo hacen, que nadie se extrañe de que el electorado los (nos) castigue. Y de poco servirá entonces buscar culpables, aunque yo tengo claro dónde los buscaría.
Así que si alguien tiene motivos para estar enfadado, no son precísamente ni Zapatero ni el PSOE, no por este motivo, al menos.
El interminable tema de la lengua
5 mar
Vaya por delante que no me gusta escribir obviedades, pero en mi opinión básicamente obviedades son las cosas que a continuación expondré. Lo que pasa es que, al parecer, ciertas cosas para algunos no son tan obvias, o eso quieren que pensemos. Y como este mensaje está escrito pensando en ellos, lo escribo en castellano, para que lo entiendan si por un casual alguno lo lee. Voy:
La actual situación lingüística en Catalunya no es, aunque muchos quieran hacérnoslo creer, fruto de un proceso natural de evolución, suponiendo que dichos procesos naturales hayan existido alguna vez. O sea, la actual situación de predominio del castellano en Catalunya (supongo que esto está claro, si no, véase como ejemplo esta noticia del 20 Minutos de ayer), no se debe a que a la gente le guste más o sea más fácil o a que, como oí una vez de labios de alguien, sea un idioma más bonito o más agradable (como si la gente hablara uno u otro idioma en función de su belleza). Se debe, entre otras cosas (he de simplificar, sino este escrito seria más largo de lo que ya a buen seguro será) a que a lo largo de la Historia de España, y particularmente durante el siglo pasado, el catalán ha sido marginado y perseguido por quienes, por la fuerza de las armas, gobernaron este país.
Sí, básicamente me refiero a la dictadura franquista, tan próxima en el tiempo y tan lejana a la vez en la memoria de muchos. Para quien no lo sepa o no quiera saberlo, durante digamos veinticinco o treinta años (la dictadura duró más, pero ciertamente en los últimos años la cosa se relajó) hubo una única lengua oficial, el castellano, y el catalán estaba proscrito no solo en las relaciones con la administración pública, sino incluso en cuanto a su uso público entre particulares (sobre todo en los primeros años, que yo no viví pero me han contado). Entre otras cosas, esto quiere decir que el catalán estaba ausente de todos los medios de comunicación (prensa escrita, radio y televisión desde su inicio), de los espectáculos, incluso los deportivos (recuerdo que se castellanizaron incluso los nombres de los equipos), de la educación, de los libros, de las publicaciones infantiles, de la música. Como he dicho antes, a partir de un determinado momento la situación se relajó algo, y empezó a permitirse la música en catalán, los libros, las publicaciones infantiles … pero en el mejor de los casos la proporción entre oferta en castellano y en catalán no guardaba proporción alguna. A título de ejemplo, yo, hijo de emigrantes cordobeses (concretamente de Belalcázar, villa con un famoso y bonito castillo que espero que la Junta de Andalucía, que es su actual propietario, algún día pueda restaurar, y perdón por la divagación) viví mi infancia y mi adolescencia totalmente al margen del catalán. Sí, sabía que existía, e incluso oía gente que lo hablaba, pero ni yo lo hablaba, ni lo leía, ni falta que me hacía para nada. No tuve catalán como asignatura hasta que cursé tercero de BUP (curso 78-79), y ese fue el único año, y toda mi enseñanza salvo alguna asignatura en la universidad (o sea en los ochenta) se cursó en castellano. Y ojo, el castellano es y será mi lengua materna, y no renuncio a él en absoluto, pero creo que no necesita ser defendido, no en Catalunya, al menos.
Muerto el dictador y con él su dictadura, para haber revertido el efecto de la persecución a que acabo de referirme habría que haber hecho lo mismo, pero al revés. O sea, que durante veinticinco o treinta años el catalán hubiera sido la única lengua oficial, y la de todos los medios de comunicación, los libros, las publicaciones infantiles, los espectáculos, el comercio, las empresas, la educación, etc. Pero aparte de las dificultades técnicas que ello hubiera supuesto en un mundo en el que, afortunadamente, las fronteras cada vez importan menos, nadie nunca pretendió eso, porque un gobierno democrático no puede comportarse como una dictadura. Ya sé que algunos, con un cinismo que a mí me cuesta entender, comparan la política lingüística de los diversos gobiernos de Catalunya con la de la dictadura, pero todo aquel que haya vivido las dos épocas, o que se haya molestado en informarse, sabe que es mentira, una más.
En lugar de eso, los diversos gobiernos de Catalunya hicieron lo que era no solamente su derecho, sino su obligación: adoptar medidas para intentar que el catalán ocupara el lugar que a buen seguro hubiera ocupado de no mediar la dictadura, fomentando su uso en todos los ámbitos, pero sin que ello supusiera, de ningún modo, prohibir el uso del castellano (digan lo que digan los mentirosos, no se sanciona a nadie por usar el castellano, se sanciona por no usar el catalán cuando la ley así lo indica, y eso no es ni mucho menos lo mismo). Quizás la medida estrella de todo el sistema fue la adopción de una única red educativa, que en lugar de separar a los alumnos por su lengua (con todo lo que ello hubiera supuesto de negativo) los integrara, y que para conseguir el equilibro entre las dos lenguas, utilizaba la inmersión lingüística en catalán como herramienta, porque como a mi me enseñaron cuando estudiaba derecho, igualdad es tratar desigualmente a los desiguales, y la situación entre castellano y catalán no podía ser más desigual. Hay que decir, de todos modos, que la inmersión lingüística nunca ha existido de un modo generalizado, porque aunque el catalán haya sido la lengua oficial de los centros y la vehicular de la enseñanza (y no pondría yo la mano en el fuego porque siempre haya sido así), no lo ha sido en la relación personal entre alumnos, o entre alumnos y profesores fuera de clase, y eso, se mire por donde se mire, no es inmersión.
Pero bueno, con esta pseudoinmersión, y otras medidas de normalización lingüística, más o menos pudo mantenerse la presencia social del catalán, sin que ello supusiera ningún problema para la inmensa mayoría de los castellanoparlantes, o si lo supuso no nos enteramos de ello hasta que, oh casualidad, Catalunya paso a ser gobernada por una mayoría de progreso. Fue entonces cuando, por razones eminentemente políticas, desde dentro y, sobre todo, desde fuera de Catalunya, comandados por los medios de comunicación españoles, o mejor dicho de la “Puta España, negra, cavernícola, reaccionaria, casposa y fascista” a la que se refería el genial y llorado Pepe Rubianes, y que por fortuna no se corresponde con la España plural en la que muchos creemos, se iniciaron los ataques a gran escala contra la política lingüística catalana (que llevaba ya veinte años de aplicación), denunciando una presunta persecución del castellano, y de los castellanoparlantes.
Pero, ¿cual es la realidad de Catalunya? Pues la realidad es que, veinticinco años después de la ley de normalización lingüística, si yo quiero ir al cine y ver una película en catalán, mis opciones son mínimas (solo un 3% de las películas se doblan al catalán). Si quiero comprar un libro, tengo muchas más opciones en castellano que en catalán (y no solo porque el castellano tenga a nivel mundial más hablantes y más escritores que el catalán, que eso sería lógico, sino porque muchas obras que no han sido escritas en ninguno de los dos idiomas no se traducen al catalán). Si quiero comprar un periódico en catalán, tengo poco donde elegir (y por ejemplo entre los deportivos aun menos).
Si quiero ver televisión en catalán, y descontando el satélite y el cable, porque entonces la situación es aun peor, tengo que elegir entre TV3, C33, K3, 3-24, Canal 9 (que aquí podemos ver aunque los peperos valencianos no permitan que allí se vea TV3) y algunas televisiones locales. A lo sumo un tercio del total de los canales. ¿Canales temáticos de, por ejemplo, dibujos animados o programación infantil en catalán? Digamos que medio (o sea una parte del K3). ¿Y en castellano? Sin satélite ni cable, tenemos Clan TV y Disney Channel, y si les añadimos Playhouse, Jetix, Boomerang, Cartoon Network, etc. mejor no contarlos.
Así se explica que mi hija, con casi seis años, que asiste un colegio público donde se practica esa pseudoinmersión lingüística a que me he referido, que habla con sus padres únicamente en catalán, igual que con el resto de la familia salvo sus abuelos paternos (mis padres) y a la que le compramos libros únicamente en catalán, hable, entienda y lea perfectamente en castellano (tan perfectamente como en catalán, al menos, teniendo en cuenta su edad).
Por eso cuando oigo a alguien hablar de persecución del castellano en Catalunya, de lo primero que me vienen ganas es de decirle, utilizando una bonita expresión que, mira por donde, se utiliza tanto en castellano como en catalán, es que se vaya a hacer puñetas.
Pero en realidad, todos sabemos que la verdadera motivación del tema no es la que utilizan como excusa. La verdadera motivación es que hay quien piensa que como estamos en España, hay que hablar en español (como ellos lo llaman), por sus cojones. Y punto. Y deliberadamente, con toda la chulería y la prepotencia que les caracteriza, olvidan que Catalunya tiene una lengua propia, que se llama catalán, que igual que el castellano y otras derivó del latín, y que se habla desde hace cientos de años, no para fastidiar a nadie, sino con la misma naturalidad que en Valladolid se pueda hablar castellano o francés en París. Y que es legítimo que queramos preservar esa lengua, y que por lo tanto nuestros gobernantes adopten las medidas necesarias a tal fin. Tanto como que se intente proteger al castellano, o al francés, contra el predominio del inglés (o incluso más, puesto que su situación es peor).
Posiblemente para ellos sea más incómodo (a la gente cerrada de mente eso de aprender cosas nuevas se les hace muy cuesta arriba, es curioso en cambio ver como hay recién llegados que con una mínima voluntad utilizan el catalán sin problemas), pero dado que aquí no obligamos a nadie a quedarse, si tan insoportable se les hace, tienen una fácil solución.
Cada uno en su lugar
17 sep
Resulta que Albert Boadella se nos va a Madrid (bueno, no dónde estaba, porque hace ya tiempo que se despidió de Cataluña). El caso es que Esperanza Aguirre le ha propuesto, y él ha aceptado, dirigir el teatro “El Canal de Isabel II”. No me extraña en absoluto. Y no me extraña porque sigue el camino de otros/as muchos/as (Cristina Alberdi, Gotzone Mora, etc.) que desde una inicial militancia de izquierdas han acabado en opciones conservadoras y, y no es un tema baladí, ocupando un cargo (retribuido, of course) en una Administración gobernada por el PP.
Un vestit a mida
17 sep
En les darreres hores TV3 i Catalunya Ràdio s’han fet ressò d’un estudi realitzat pel Cercle d’Estudis Sobiranistes en relació amb el resultat d”un hipotètic referèndum sobre la independència de Catalunya que m’ha deixat bastant sorprès.
D’entrada és un estudi fet sobre enquestes dels darrers divuit anys, és a dir, no han fet una enquesta ara, sinó que han “cuinat” dades d’altres enquestes. I segons l’estudi d’aquestes dades es desprèn que un 35% de catalans estan a favor de la independència mentre que un 45% estan en contra, però en un referèndum guanyaria el sí (a la independència) amb un 55% dels vots, perquè molta gent contrària a la independència s’abstindria. I, curiosament, aquesta darrera xifra ha estat el titular de la notícia als mitjans esmentats.
No he tingut ocasió de veure l’estudi complert (com la immensa majoria de catalans que han sentit la notícia), però a mi, que no sóc sociòleg ni especialista en el tema, el que he sentit em fa pensar:
A) Si ja les enquestes tenen la fiabilitat que tenen, quina pot tenir un refregit d’enquestes? No hagués estat més senzill fer una enquesta ara?
B) Una bona part de la gent que devia opinar fa divuit anys ja deu ser morta, mentre que persones que ara podrien votar eren aleshores nens o nenes de pit, i encara uns altres poden haver canviat d’opinió (divuit anys donen per molt). Quin valor tenen, doncs, aquelles opinions? (encara que fossin més contràries a la independència que ara, com sembla)
C) Com és que amb una opinió majoritària (una minoria majoritària per ser exactes) contra la independència el resultat de l’hipotètic referèndum seria el contrari? En que es basen per dir que una gran part de persones contràries a la independència no aniria a votar? En que en les eleccions autonòmiques s’abstenen molt? I què tenen a veure unes eleccions autonòmiques amb un referèndum per la independència?
En fi, que tot això sona a un vestit a mida (clar, si ni el Cercle d’Estudis Sobiranistes ens dona esperances ja podem plegar), publicitat amb l’inestimable ajut dels mitjans públics catalans, sempre ben disposats a fer-se ressò d’aquestes notícies, amb la finalitat de continuar, com des de fa molts anys, fent bullir l’olla. I no permetrem que la realitat ens espatlli un bon estudi, oi?


