Blog personal i polític de Manuel Cáceres
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“Arreglar” y pedir responsabilidades
2 mar
Hace algunos días se presentó la campaña Esto sólo lo arreglamos entre todos (y todas, como acertadamente dice la compañera Lourdes Muñoz) con la intención de lanzar un mensaje positivo de confianza en nuestra capacidad para mejorar nuestra situación personal y colectiva. Está iniciativa cuenta con un sitio web, un manifiesto (que encontrareis en el sitio web) un grupo en facebook, una cuenta en twitter, anuncios en los medios (al final de este post hay un vídeo) y seguramente otras vías de difusión que no conozco.
Al poco de surgir la campaña, han surgido opiniones contrarias a la misma, por el hecho de que tras ella, dicen (no tengo información, pero no lo dudo) se encuentran empresas como Telefónica, Iberia, El Corte Inglés, BBVA, Santander, La Caixa, Caja Madrid, Repsol, Cepsa y Endesa. En algunos blogs se han publicado entradas con divertidos contra-carteles, cuyo contenido comparto, al margen de alguna expresión malsonante, como en Mi Mesa Cojea, Las penas del Agente Smith o Halón Disparado. Y como también suele pasar se han creado contra-grupos en Facebook, como por ejemplo éste.
Y ahora mi valoración, que como pasa siempre que uno adopta posiciones intermedias entre el blanco núclear y el negro túnel de de tren, posiblemente no satisfaga a nadie. Pero tampoco lo intento. Creo que descalificar una campaña por quién la financie, es lo que los entendidos del tema llamarían un argumento ad hominem como una casa. Puede no compartirse la campaña en sí. Puede haber quien prefiera que, en vez de lanzar mensajes optimistas, de compartir experiencias que demuestran que no da igual lo que hagamos, que nuestra actitud personal cuenta, continuemos regodeándonos en la desgracia, lamentándonos y, sobre todo, echando la culpa a alguien (sea el gobierno, la banca, las multinacionales, una conspiración de quien sea) de todo lo que nos pase, descargándonos así nosotros de nuestra responsabilidad (que evidentemente tenemos, aunque solo sea por haberlo permitido). Pero no me parece serio descalificar la campaña por la identidad de quien la pague.
Creo que es bueno difundir y compartir experiencias positivas, fomentar la ilusión, la confianza en las propias posibilidades y el aprecio por el trabajo propio y abandonar la fatalidad de que no podemos hacer nada. No vamos a arreglar la crisis de hoy para mañana, ciertamente. No tenemos la fuerza de salir de ella por nosotros mismos, porque hay elementos sobre los que no podemos influir, pero eso no nos autoriza a instalarnos en el lamento y en el reproche y prescindir de lo demás. Nadie nunca nos regaló ni nos regalará nada, más bien hay que vigilar para que no nos lo quiten. Lo que se ha conseguido ha sdio a base de lucha y trabajo. Eso no es nuevo, y no cambiará.
¿Quiere eso decir que no hay que exigir responsabilidades a los causantes de la crisis? Rotundamente no. Esta crisis ha sido causada o, al menos amplificada, por la codicia de unos, auspiciada por la permisividad de otros, y es preciso, por un lado, que los responsables respondan por sus actos, y por el otro adoptar regulaciones que, en el futuro, impidan la repetición de situaciones semejantes.
¿Cómo se hace? En democracia tenemos un arma muy eficaz si se utliza bien, que es nuestro voto. Estoy hasta el gorro de leer y oir revolucionarios de salón que no dejan títere con cabeza, pero a los que cuando se recuentan los votos de unas elecciones no se les ve por ningún lado, quizás porque como todo lo que se puede votar es tan malo (piensan) se quedan en casa, que queda muy cool. Si opinais que todos los partidos existentes son iguales (opinión que respeto pero no comparto), y no os gusta ninguno, la opción es fácil: cread uno. Tenemos a nuestra disposición herramientas que permiten darle una enorme difusión a cualquier idea con un coste relativamente bajo, así que adelante. Menos criticar (que también), menos lamentarse y más actuar para conseguir los objetivos. Y si estos objetivos pueden ser viables y no simples brindis al sol, mejor, que el papel lo aguanta todo, pero la realidad no.
No deja de ser curioso que, mientras que en la red (y en los diarios tradicionales) te hartas de leer mensajes y consignas de una radicalidad tal que te hacen plantearse si no te encuentras en la URSS de sus buenos tiempos, luego en las encuestas resulta que los que van los primeros son los pepés y las convergencias de turno, en una especie de esquizofrenia colectiva que sería difícil de entender si no fuera porque, como todos sabemos, a la hora de votar muchos de esos radicales se quedan en casa, con la conciencia bien tranquila porque no se ensucian las manos participando en eso que tanto descalifican, pero sin contribuir tampoco a facilitar ninguna alternativa. Muy cómodo. Y muy inútil, también.



