Repartir el esfuerzo

El pasado día 12, el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero anunció un paquete de medidas con las que el Gobierno pretende ahorrar 15 mil millones de euros en dos años. Se ha escrito ya mucho sobre ellas, y más que se escribirá, pese a que algunas de ellas no se han concretado todavía plenamente.

No pretendo ahora justificar las medidas adoptadas. Algunas admiten poca crítica, como la reducción del gasto farmaceútico, y otras en cambio son fácilmente atacables, como la congelación de las pensiones, o la reducción de las retribuciones de los funcionarios. Y, no me importa decirlo claramente, no me gustan demasiado, aunque valoro positivamente que en uno y otro caso las rentas más bajas (sean pensiones mínimas, sean los sueldos de menor cuantía) no se vean afectados por ellas. Como ya comenté, y aunque es cierto que los funcionarios gozan de una estabilidad laboral que otros quisieran, y que la actuación sobre sus retribuciones para la contención del gasto no es una práctica novedosa ni en España ni en otros países (comparando el recorte aquí no es ni con mucho de los más importantes), no por ello debemos esperar que acepten tan contentos una rebaja salarial, como si fuera algo merecido. Se les está imponiendo un sacrificio (pequeño para algunos, mayor para otros), que puede ser justificado, no lo niego, pero al menos valorémoslo como tal.

El problema es que estamos en crisis, crisis de alcance mundial que, como es público y notorio, aunque algunos pretendan no enterarse, no ha sido causada por una mala gestión política, salvo en lo que respecta a haber permitido (y continuar permitiendo, que es más grave, si cabe) las malas prácticas de los operadores financieros, y que, como toda crisis, ha comportado una reducción de los ingresos tributarios (provocada por los menores beneficios de las empresas, menores sueldos, menor consumo), y un aumento de los gastos sociales (más prestaciones por desempleo, más ayudas sociales de todo tipo). El resultado de lo anterior es obvio: si ingresas menos, pero gastas más, aumenta el déficit (teniendo el descenso en los ingresos la mayor parte de la culpa).

Hétenos aquí por tanto con la ineludible misión de reducir el déficit. Entre las medidas adoptadas con tal finalidad, la más comentada de las anteriormente adoptadas por el Gobierno vino por la parte del aumento del ingreso (hubieron otras de contención del gasto que pasaron más desapercibidas), y fue la criticadísima y aun no en vigor subida del IVA, y ahora le ha tocado el turno a una drástica contención del ingreso.

No deja de ser curioso oir a los que, tras meses y meses de criticar una pretendida inacción del gobierno, resulta que ahora tampoco están de acuerdo con las medidas adoptadas (aunque no nos permiten saber cuales son las que ellos adoptarían) y se extrañan de que los sindicatos (a los que por otro lado sistemáticamente critican y pretenden deslegitimar) no llamen a los trabajadores a la revolución. Y a la cabeza de ellos, tenemos al Partido Popular, reconvertido en adalid de los desfavorecidos, para quien se lo quiera creer, como puse de manifiesto ayer.

En estas circunstancias, criticar es lo más fácil, proponer alternativas no lo es tanto. Alternativas válidas, quiero decir. Yo también sería partidario de no gastar ni un duro en la visita del Papa, pero no nos engañemos, con eso no solucionamos el déficit. Quizas no aportanto dinero ni a la Iglesia Católica (ni a ninguna otra, obviamente), ni vía IRPF ni vía subvención, sí conseguiríamos un ahorro apreciable, pero aquí tenemos un Concordato que nos obliga, y que dicho sea de paso quizás sería el momento de denunciar. Hacen falta propuestas serias y coherentes, con impacto apreciable sobre el gasto, más allá de los juegos de manos y de palabras.

Creo que debemos plantearnos seriamente la posibilidad de eliminar las ayudas universales, y ajustarlas a los niveles de renta. Es el momento de formularse ciertas pregunta: ¿Deben todos los pensionistas tener los medicamentos gratis? ¿Deben todas las familias cobrar las ayudas por nacimiento de hijo que se dan, por ejemplo, en Catalunya? ¿Deben todos los pensionistas tener abonos de transporte a un precio más barato? O, yéndome a un terreno más partciular ¿Deben estar exentos de pagar cuota colegial todos los abogados de una cierta edad y una cierta antigüedad, aunque sigan ejerciendo? Ahí lo dejo.

Y no perdamos de vista que, junto a la rebaja del gasto, también se puede reducir el déficit aumentando los ingresos, particularmente los ingresos tributarios. Una buena parte de este aumento debería salir de la lucha contra el fraude fiscal. A nadie se le oculta que los niveles de la economía sumergida en España son muy elevados, nadie se cree la cifra oficial de parados ni los ingresos declarados por algunos empresarios. Hay campo de actuación y debemos ponernos a ello, no sólo por los ingresos que puedan obtenerse, sino también por el elemento de justicia que representa que nadie quede al margen del sistema.

Pero podemos, y seguramente debemos, ir más allá. Como ya escribí hace algún tiempo, desde que yo recuerdo (y por mi trabajo tengo que estar al día del tema) los impuestos, al menos los más importantes, no han hecho más que bajar, con alguna pequeña corrección al alza en casos concretos. No sólo los ha bajado el PP cuando gobernaba, también los ha bajado el PSOE, en ambos casos con la ayuda incondicional de CiU, que a este carro se apunta siempre.

Y quizás ha llegado el momento de plantearnos si, más allá del IVA, no debemos tocar otros tributos. Deberíamos ser capaces de adoptar medidas tributarias que hagan que las personas que no se han visto afectadas por los recortes que al principio mencionaba también se sacrifiquen, aunque solo sea un poco. Si no, las demandas de sacrificio para algunos colectivos pueden ser difícilmente justificables. Conditio sine qua non es no perjudicar la recuperación económica, pero yo creo que es posible:

  • Quizás podría reinstaurarse el Impuesto sobre el Patrimonio (bueno, técnicamente aun está vigente, aunque con una reducción del cien por cien), al menos para los patrimonios más altos.
  • Quizás podría irse más allá en el aumento de la tributación del ahorro que ya incluye la ley del IRPF para 2010 (según la cual hasta 6.000 € el tipo es el 19% y a partir de ahí el 21%), de forma que rentas del ahorro más altas tributasen a un tipo superior (en estos momentos, además interesa estimular el consumo más que el ahorro, que es muy alto, a pesar de que los bajos tipos de intereses lo desincentivan bastante).
  • Quizás podrían gravarse las plusvalías especulativas, que ahora tributan igual que las demás, independientemente de su período de generación.
  • Quizás las Comunidades Autónomas que prácticamente han suprimido en algunos supuestos el Impuesto Sucesiones ,deberían reinstaurarlo, de forma que las grandes fortunas tributaran (un modelo podría ser la actual ley catalana, que deja sin tributación la gran mayoría de las herencias, gravando sólo las más elevadas -para mí va incluso un poco demasiado allá, aunque a CiU le parezca poco y siga propugnando la supresión del tributo-).

Es posible que estas propuestas razonables, o que su impacto recaudatorio no sea suficiente, no lo sé. Pero si no son éstas, debemos encontrar otras que consigan el objetivo indicado, que no es otro que conseguir que tod@s pongamos nuestro granito de arena en el objetivo común. Si no lo conseguimos, nuestra credibilidad está en entredicho.

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