Golpes de Estado

Desgraciadamente, España es un país con una grandísima tradición de golpes de estado o pronunciamientos, funesta tradición que para su desgracia también exportamos a los países colonizados en América Latina, en algunos de los cuales aun es algo habitual.

De hecho, durante el pasado siglo XX, podemos contar en España hasta cuatro intentos de golpe de estado, dos triunfantes, el de Primo de Rivera en 1923 i el del General Franco en 1936 y dos fallidos, la Sanjurjada de 1932 y el famoso 23-F de 1981. Hay quien también incluye aquí la conocida como Revolución de 1934, pero por su origen y características es dudoso que pueda ponerse en el mismo saco.

Define el diccionario de la Real Academia Española el golpe de Estado como:

Actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes.

Y sí, en esa acepción del término, posiblemente los golpes de estado en España ya son Historia (aunque reciente, no han pasado ni treinta años del 23-F), y posiblemente hoy en día no sería posible un golpe de estado de este tipo, con tanques en la calle y demás. Afortunadamente.

Pero eso no quiere decir que no existan ya los salvapatrias que, como siempre, tienen muy claro qué es lo que conviene a la patria (que curiosamente suele coincidir con lo que les conviene a ellos), y que piensan que, dado lo noble de su empeño, ellos están por encima de la legalidad, a la que no tienen por qué someterse. Lo que no les impide, porque tontos no son, emplear dicha legalidad en su propio beneficio, subvirtiéndola. Vamos, que como saben que lo de los tanques no tiene futuro (salvo los cuatro tarados que envían los SMS a los programas de Intereconomía llamando al alzamiento), utilizan otros métodos, menos cruentos pero no por ello menos deleznables. Y si para conseguir su finalidad, tienen que cargarse la credibilidad de las instituciones, qué más da. Deben pensar que si no pueden controlarlas, ya pueden quemarse.

Algo así es lo que ha pasado con el Tribunal Constitucional, que empiezo a dudar que pueda recuperarse de ésta. La derecha de este país, antes llamada AP y ahora PP, cuenta con una gran tradición en la utilización política del Tribunal Constitucional. Ya con el primer gobierno socialista, en 1982, no tuvieron ningún reparo en utilizar el recurso previo de inconstitucionalidad (que tenía efectos suspensivos) para dilatar la entrada en vigor de leyes aprobadas por un parlamento en el que la mayoría absoluta del PSOE (por decisión de los ciudadanos) era aplastante, como con nostalgia recuerdan desde Libertad Digital. Dicho recurso previo, y sus efectos suspensivos, se eliminaron, y así la situación pudo reconducirse

Pero el PP gobernó (por cierto, no se le ocurrió intentar la reinstauración del recurso previo de inconstitucionalidad), y tras ocho años, y pese a prepararse el terreno para perpetuarse en el poder, poniendo a sus amigos en lugares clave del sistema, impulsando los grupos de comunicación afines (al más puro estilo Berlusconiano) y utilizando el BOE y sus amigos (como el juez prevaricador Gómez de Liaño) para intentar hundir a los que no lo eran, resulta que perdió las elecciones (es que mira tú la gente que vota lo que vota …), y eso fue más de lo que pudieron soportar, de forma que volvieron a la carga con renovados bríos en la utilización torticera del Tribunal Constitucional.

Aunque no ha sido la única ley impugnada (de hecho, creo que la excepción son las leyes no impugnadas por uno u otro motivo, y hay otras importantes pendientes de resolución, como la que regula el matrimonio entre personas del mismo sexo), el ejemplo paradigmático de ello es el Estatut de Catalunya: el PP presenta un recurso en el que impugna ni más ni menos que 136 de sus artículos (tiene 223), muchos de ellos idénticos, o casi, a los de otros Estatutos que el PP no sólo no ha impugnado, sinó que ha aprobado (por ejemplo el Estatuto de Andalucía, con 14 artículos idénticos a otros tantos impugnados del catalán, 28 de redacción muy similar con pequeñas diferencias que no afectan al contenido y 18 con diferente redacción pero el mismo certificado, en total 60 –noticia de El Periódico al respecto-). Incluso, y rizando el rizo, el PP impugnó artículos idénticos a otros del hoy derogado Estatut de Catalunya de 1979, que en su día no fueron impugnados.

Por si esta utilización política fuera poca cosa, intenta por todos los medios garantizar que el recurso prospere, ya sea recusando a Pablo Pérez Tremps por haber emitido un dictamen (recusación aceptada por la mayoría conservadora, en una decisión jurídicamente aberrante, porque desgraciadamente el Tribunal Constitucional funciona hoy en día con más disciplina de voto que el Congreso de los Diputados), o bloqueando la renovación de magistrados con mandato caducado hace ya tiempo, de forma que a día de hoy la credibilidad del tribunal está por los suelos … pero ¿a quién le importa si al final se consigue el objetivo buscado?

Creo que hay otra manera de dar golpes de estado que no involucra tanques ni ejercitos sublevados, y lo que he comentado sobre el Tribunal Constitucional es un ejemplo, pero no el único. Podríamos hablar de incitar a la rebelión contra una ley aprobada por la Cortes Generales, o de apartar de la carrera judicial a un juez incómodo que se empeña en investigar los chanchullos actuales del PP y los crímenes pasados de sus antecesores, pero no lo haré, al menos hoy, salvo para dejar constancia del asco que me da esta gente.

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5 Respuestas a Golpes de Estado

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  3. Ui i aixó que només has parlat de cops d’estat del s.XX que si haguessis de fer un repás pels del XIX o tots els succeïts a llatinoamèrica podries dedicar-hi un blog sencer!!

  4. Miguel dijo:

    los dictadores y sus seguidores les llamaban “pronunciamiento militar”

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