El Congreso rechazó ayer la proposición presentada por el PP en contra de la subida del IVA que entrará en vigor a partir del próximo 1 de julio. Ya se sabía, y no supuso más que una pérdida de tiempo de los Diputados y Diputadas, que se vieron obligados a volver a pronunciarse sobre una modificación normativa que el parlamento aprobó no hace ni tres meses.

Me extraña que los que tanto se preocupan de si nuestros Diputados y Diputadas trabajan poco o mucho, no hayan puesto el grito en el cielo ante la utilización espuria del parlamento por el PP  que vivimos ayer. Porque, repito, dado que al parecer muchos no se han enterado, que la subida del IVA fue debatida y aprobada a finales del año pasado, e incluída en la Ley de Presupuestos para 2010 (Ley 26/2009, publicada en el BOE de 24/12/2009, artículo 79), con una entrada en vigor prevista para el 1 de julio (con un período por tanto de vacatio legis de 6 meses). Lo de ayer fue, sencillamente, un anuncio más dentro de la campaña del PP, pero pagado por tod@s nosotr@s. Conste que no niego del derecho de los grupos parlamentarios a presentar iniciativas, incluso en el caso de que se sepa que no prosperarán. Pero hacerlo cuando no han pasado ni tres meses desde que el tema se discutió, me parece un abuso.

Entrando en el fondo del tema, en el aumento del IVA, creo que aunque quizás no le haya llegado claramente a la ciudadanía, la motivación está clara. La situación de crisis que vivimos genera una disminución de ingresos tributarios: si las empresas y los particulares ingresan menos, también gastan menos, con lo que la recaudación de todos los impuestos, ya sean directos (renta, sociedades) o indirectos (IVA) cae. Si a ello sumamos que las necesidades del sistema de protección social aumentan, está claro que deben tomarse medidas. La primera, obvia, recortar el gasto allí dónde sea posible. Pero eso ya se ha hecho, aunque muchos no quieran enterarse. Y se ha pedido lo mismo a las Comundidades Autónomas y Ayuntamientos. Nos queda, por tanto, aumentar el ingreso, cosa que como es de esperar no gusta, porque a nadie le gusta, de entrada, pagar más.

Ya que estamos, debo retierar que no soy un fundamentalista tributario. Aumentar el IVA es una opción entre otras, no la única (el IVA es inferior al de otros países, y eso da margen, pero no es la justificación para su aumento) . Podrían haberse aumentado impuestos directos, por ejemplo, pero no tengo claro que eso fuera mejor en estos momentos de crisis. Ya sé que se acusa al IVA de no ser progresivo en relación con la renta, pero eso no es del todo cierto. Seguramente no lo es tanto como lo puede llegar a ser el IRPF modificando los tipos de manera adecuada, pero no deja de tener progresividad, si partimos de la base de que quien más gasta acostumbra a ser quien más ingresa. Habría, también, otras posibilidades propuestas por algunos, como aumentar las cuotas de la Seguridad Social, pero me temo que eso afectaría negativamente al empleo, además de que, a la larga, igualmente lo acabaría pagando el ciudadano de a pie mediante su repercusión total o parcial en los precios (SIEMPRE es así, que no nos embauquen).

La subida del IVA tiene además una ventaja. Es transparente. El tipo general pasa del 16 al 18%, eso implica un aumento del 1,72% (lo que costaba 116 pasará a costar 118). El tipo reducido pasa del 7 al 8%, lo que equivale a un 0,93% de aumento. El tipo superreducido (que afecta a la alimentación no elaborada y a otros productos como medicamentos, libros, prensa, …) se queda en el 4%, no aumenta. Podemos pensar que es mucho o que es poco, pero es así, y si alguno de estos productos aumenta más de lo que he dicho, es que alguien quiere aprovecharse de la subida para incrementar su margen de beneficio (cosa no descartable en este país de listos).

Todo es opinable, pero yo creo que no es mucho. Podemos estar hablando de un aumento promedio en los precios del 1% (suponiendo que el aumento del IVA se traslade íntegramente a ellos), o sea, menos de lo que aumentan los precios de la mayoría de productos cualquier principio de año. Nada que tenga que desequilibrar la economía, aunque, claro, la derecha de España y de Cataluña (sí, los mismos que quieren eliminar el Impuesto de Sucesiones para los millonarios), una vez más de la mano en política económica y tributaria, se ha apresurado a lanzar proclamas apocalípticas, exagerando el impacto de la subida … nada que no pudiéramos esperar de ellos. En fin, veremos qué pasa cuando la modificación entre en vigor (aunque me temo que ya podríamos precedir lo que se dirá).

Acabo lamentando que se haya hablado y escrito poco o nada de otra modificación que la Ley de Presupuestos que antes he citado incluía, y que considero de gran importancia. Me refiero a la reducción tributaria aprobada para 2009, 2010 y 2011 para los empresarios individuales y sociedades de pequeña dimensión (menos de 25 trabajadores y 5 millones de euros de cifra de negocios), que pagarán menos IRPF o Impuesto de Sociedades, respectivamente, siempre que aumenten o al menos mantengan los puestos de trabajo, con una reducción que será tanto mayor cuantos más trabajadores tengan, puesto que uno de sus límites va en relación con el importe de los sueldos pagados. Creo que es una medida en la dirección correcta, por cuanto la recaudación sólo disminuirá si se mantienen o aumentan los puestos de trabajo, lo que al comportar un ahorro en prestaciones que en otro caso deberían pagarse, neutralizará dicha disminución recaudatoria. Pero supongo que esto no ofrece bonitos titulares.