Demagogia nuclear

El tema de la energía nuclear, y todo lo que comporta, es ciertamente complejo, como lo suelen ser la mayoría de temas importantes, y los argumentos a favor y en contra han sido y son numerosos, y en su mayoría dignos de estudio. Es por ello que no tengo una postura clara al respecto, aunque sí un par de premisas que por evidentes quizás no sería necesario enumerar, pese a que voy a hacerlo aunque solo sea por poner un poco de orden en mi cabeza:

  1. Las necesidades energéticas mundiales, y de nuestro país en particular que es en lo que más quiero centrarme (y esto vale para España y para Catalunya), no van a disminuir, sino a aumentar, porque aunque cada vez se tenga más presente la variable energética en el diseño de todos los objetos que nos rodean (y de los edificios en que nos encontramos), el número de dispositivos que consumen energía cada vez es mayor, tanto a nivel doméstico como a nivel industrial.
  2. Si queremos satisfacer esa demanda energética creciente, debemos aumentar nuestra producción. Descartados a medio y largo plazo los combustibles fósiles, tanto por su disponibilidad limitada como por sus negativos efectos medioambientales, nos quedan la energía nuclear y las denominadas renovables (hidráulica, solar, eólica, etc.), u otras que puedan desarrollarse en el futuro.

Lamentablemente, y desde hace ya muchos años, se ha ido pasando de puntillas por el debate nuclear, pero sin entrar en él, manteniendo unas posturas típicas y tópicas (simplificando, izquierda antinuclear, derecha pronuclear) y aplicando la máxima catalana del qui dia passa any empeny (o dicho de otra forma, ir haciendo). Y algún día tendríamos que coger el toro por los cuernos y debatir el asunto de verdad, desterrando la división entre buenos y malos y adoptando la postura que más convenza a la mayoría, a sabiendas de que no hay fórmulas mágicas y que cualquier solución tendrá ventajas e inconvenientes.

Lo que no se puede, o no se debería hacer, es la demagogia que, tradicionalmente, se hace con este tema, de la que es buena muestra la actual polémica del Almacen Temporal Centralizado (ATC) (temporal porque el almacenamiento es por sesenta años, tiempo inferior al de vida de los residuos). Y no quiero con ello decir que todas las posiciones sean demagógicas, en absoluto, las hay demagógicas y las hay razonables.

Hay quien defiende que dicho ATC no es necesario, y que los residuos de alta actividad pueden seguir almacenándose en las piscinas o en los contenedores ubicados en las propias centrales que generan la inmensa mayoría de ellos. A ello se responde que el almacenamiento centralizado minimiza el número de instalaciones nucleares y optimiza los costes (al concentrarlos en una única instalación). En contra del ATC tendríamos por tanto el argumento del mantenimiento del status quo (siempre que no se supere la capacidad de almacenamiento de las centrales) y a favor los argumentos de ahorro económico y, para quien teme por los riesgos que pueda comportar, la concentración de dicho riesgo en una única instalación en lugar de repartirlo entre varias.

Bien, discutible y opinable. Pero lo que no lo es, es que dichos residuos de alta actividad existen y que las centrales nucleares en operación producirán más en el futuro, y alguna salida habrá que darles, digo yo. Y limitarse a decir no me los ponga usted en mi pueblo, en mi comarca o en mi comunidad autónoma, desprende un tufo a NIMBY (not in my backyard, no en mi patio trasero) que la retórica no puede disimular.

La decisión sobre la ubicación compete al gobierno del Estado, ciertamente, pero sería deseable que pudiera hacerse con la aquiesciencia de los habitantes del lugar dónde se ubique, y cuando digo esto me refiero a los del municipio o comarca, no a los de la Comunidad Autónoma. ¿Por qué un ciudadano de Figueres debería poder decidir si el ATC se ubica en Ascó, cuando tiene mucho más cerca Francia, y sobre eso no puede decidir? ¿Puede un ciudadano de Almadén (Ciudad Real, Castilla La Mancha), vetar la instalación en Villar de Cañas, de la que la separan 280 kilómetros por carretera? ¿Y si es así porque no puede vetarla en Santa Eufemia (Córdoba, Andalucía) que está a 28 o Capilla (Badajoz, Extremadura) que está a 26? Me temo que las Comunidades Autónomas tienen poco que decir en este asunto, diga lo que diga José Montilla, Artur Mas, Maria Dolores de Cospedal o el Parlamento de Castilla-La Mancha.

No se puede defender la autonomía municipal solamente cuando interesa, y cuando no, intentar imponer directrices unitarias. Como tampoco es de recibo criticar a los políticos por actuar al dictado de las direcciones de sus partidos, olvidando (dicen) los intereses de sus electores, y en cambio aplaudir que desde las sedes centrales de los partidos se den consignas de obligado cumplimiento en este tema. O acusar a los municipios que quieren albergar el ATC de tener motivaciones económicas, cuando dichas motivaciones están, evidentemente, detrás de casi todas las opiniones. Y puestos a decir, tampoco veo muy lógico posicionarse radicalmente en contra de todo lo nuclear, pero poner el grito en el cielo cada vez que alguien intenta hacer un parque eólico (que si es feo, que si afecta a la fauna), un campo solar o una presa. Ojo, no digo que las críticas a esas instalaciones sean infundadas, todas ellas tienen aspectos problemáticos, pero sí que en ocasiones hay que abandonar el perroflautismo, bajar del pedestal, de las nubes o de dónde quiera que se esté por encima del bien y del mal y tomar decisiones necesarias, porque si la energía no viene de una fuente, deberá venir de otra, salvo que queramos volver a vivir en la era preindustrial (opción respetable, pero que muy poca gente defiende).

Por eso, como antes decía, es preciso un debate sin prejuicios al respecto, un debate que cierre el tema por un período razonable, sin estereotipos, sin prejuicios, sin buenos ni malos, sin vencedores ni vencidos, y que nos permita encarar el futuro sin tener que estar a cada momento discutiendo de nuevo de lo mismo.

Y para finalizar, dejo aquí:

Por un lado, las palabras del alcalde de Villar de Cañas, del Partido Popular, quien creo que nos ofrece una perspectiva realista de la cuestión, más allá de partidismos.

Y por el otro la noticia del apoyo de 16 de los 17 municipios del área nuclear de la Ribera d’Ebre (salvo Flix) a la candidatura de Ascó para albergar el ATC (está en parte en catalán y en parte en castellano, son 59″, pero antes hay publicidad).

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14 Respuestas a Demagogia nuclear

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  7. Gemma Urgell dijo:

    Por fin un poco de sentido común a todo este debate! Hoy mismo en mi blog también hablo de la superficialidad con que se trata temas de esta índole.
    .-= Gemma Urgell´s last blog ..On és el sentit comú? =-.

    • Manuel dijo:

      Gracias por el comentario, Gemma. Sí, realmente parece que solo se busque el titular o quedar bien más que analizar los pros y contras de las decisiones.

  8. Miguel dijo:

    Pues con este tipo de blogs creo que harás más amigos que enemigos 🙂

    En serio, se trata de un comentario razonado sobre lo absurdo que es alinearse según dicta la línea «histórica» de tu partido, ignorando las realidades de la situación energética mundial, y prefiriendo esconder la cabeza bajo el ala antes de enfrentar el problema de la gestión y tratamiento de residuos.

    ¿Los perroflautas sabrán la diferencia entre un residuo nuclear y la mierda de perro?

    • Manuel dijo:

      Gracias por tu comentario. Supongo que como en todo habrá quien opine como yo y quien no. Decía lo de los enemigos por la crítica a la gente (y hay mucha, en todas las posiciones) que en este debate se está quedando en el puro estereotipo sin preocuparse de razonar lo más mínimo.

  9. Esteban dijo:

    Información y más información, que es lo que generaría ese debate.
    No obstante, cualquier información científica sobre el tema se está obviando o desechando en aras a la «información» «veraz».
    A ver cómo acaba el tema.

    • Manuel dijo:

      Gracias por el comentario. Lo que pretendo es simplemente que se debata, sin prejuicios, sobre un tema fundamental para nuestra vida.

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