Muertos de segunda categoría

Según un reciente informe de la OMS, el tabaco mata cada año a más de cinco millones de personas, cifra superior a la que resulta de sumar las que causan el sida, la malaria y la tuberculosis. Para 2030 dicha cifra puede ser de ocho millones de personas al año, y llegar hasta Mil millones en total en el siglo XXI. Asimismo se destaca el notable incremento de las defunciones entre los fumadores pasivos, que se cifran en seiscientas mil  al año.

Curiosamente, por estos muertos nadie se pone lazos, ni rojos, ni azules, ni verdes; nadie enciende velas; nadie convoca concentraciones silenciosas. Son muertos de segunda categoría.

Y cuando el gobierno, en estricto cumplimiento de su obligación de velar por la salud pública, adopta una medida que corrigiendo el gran error cometido por la legislación ahora vigente comporta la prohibición total del tabaco en los lugares públicos que no sean al aire libre, la respuesta de algunos es el victimismo y la apelación a la libertad individual, acompañado de la pregunta, dicha con la boca pequeña ¿si el tabaco es tan malo por qué no lo prohiben? (me gustaría ver qué dirían si así se hiciera)

Como si su derecho a fumar o no fumar (que no discuto, aunque en ocasiones me cueste entender) fuera de mayor rango que el derecho a la salud de los que no tienen ese hábito y pudiera imponerse sobre él. No se trata, no, de un ataque a los fumadores activos, sinó de una defensa de los que no lo son. Y es que, como se indica en el Informe de la OMS sobre la epidemia mundial de tabaquismo (2008), que incluye el plan de medidas conocido como MPOWER :

La prohibición absoluta de fumar en todos los ambientes interiores es la única intervención que permite proteger eficazmente a las personas de los daños acarreados por el humo de segunda mano.

La eficacia de las leyes sobre entornos libres de humo queda muy debilitada o totalmente eliminada si se permite fumar en áreas designadas.

El objetivo principal de establecer lugares de trabajo sin humo es proteger la salud de los trabajadores. Los propietarios de los negocios están obligados a proporcionar un entorno laboral seguro a sus empleados. Por consiguiente, deben asumir la mayor parte de la responsabilidad de velar por que sus respectivos establecimientos se mantengan libres de humo.

Dicho informe, cuya lectura recomiendo, indica además que las medidas que establecen espacios libres de humo no tienen efectos económicos adversos, y que las leyes que establecen la prohibición de fumar en lugares públicos gozan de gran aceptación en los países dónde se han promulgado, pese a los malos augurios que se formulaban desde ciertos sectores en países de gran tradición fumadora en esos lugares públicos, como por ejemplo Irlanda. ¿Vamos a ser menos?

Más información: Nofumadores.org

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