Elogio de la política

Aunque sé que los tiempos no son propicios para ello, dos posts recientes de Fëarûth y Egocrata me han hecho pensar en algo que hace tiempo me incomoda, como es el mal concepto en que muchos ciudadanos parecen tener a la política y a los politicos, sea cual fuere la definición que hagamos de este último término.

Así, según el Barómetro del CIS del pasado mes de mayo, un 8,3% de encuestados cita a la clase política o los partidos políticos dentro de los tres principales problemas de España. Y pese a que el porcentaje está lejos del correspondiente al paro, el terrorismo o la inmigración, no deja de ser preocupante que se considere a la política un problema en si misma. Y en el mismo estudio, más de la mitad de encuestados consideran la política poco o nada importante, cosa que me cuesta entender si pienso en cómo dependen nuestras vidas de una decisión política.

¿Cómo hemos llegado a este punto? Antes de que nadie me lo diga, es obvio reconocer que la conducta desarrollada por ciertas personas mientras desempeñaban cargos públicos puede explicar esto en parte. Pero no en su totalidad. Creo que antes de que existiera Roldán, por citar un caso paradigmático, la política tampoco estaba demasiado bien vista. También es posible que los muchos años de dictadura (o los pocos años de democracia real de que hemos disfrutado en este país llamado España a lo largo de su Historia) también tengan mucho que ver. Es normal que en una dictadura el ciudadano no sienta el gobierno o la política como algo suyo, y más aun si desde el propio poder la política es denostada y presentada como algo negativo. Aunque anecdótica, la famosa frase de Franco, «haga como yo, no se meta nunca en política» es muy indicativa.

Pero creo que, junto a esto, hay un intento deliberado de alejar al ciudadano de la política, presentando la política, y todo lo que la rodea, como algo negativo, y cada día lo vemos manifestarse en los medios de comunicación, y no solo en el ámbito de la información, sino también en el del entretenimiento. Un intento, además, que visto lo visto ha conseguido su objetivo.

Desde esta perspectiva, cualquier acuerdo es entre formaciones políticas se nos presenta como un trapicheo, un cambalache dónde se intercambian inconfesables prebendas, pese a que la negociación y el pacto es algo básico no solo en la política, sino en la sociedad. Las mayorías absolutas son negativas porque se aplica el rodillo (y no digo que a veces no pase), pero las mayorías relativas también lo son porque no hay estabilidad y las minorías tienen una fuerza no proporcional a su apoyo electoral. Si una propuesta contenida en un programa electoral no se cumple, nunca importa si ha habido un cambio de coyuntura u otras razones que hayan hecho imposible su cumplimiento, siempre se trata de un engaño premeditado. Y aunque es cierto que a veces un Parlamento puede parecer una olla de grillos ¿no sucede eso también en las reuniones de una comunidad de vecinos? Cierto que es legítimo, y creo que aconsejable, tener una mayor exigencia con nuestros representantes de la tendríamos con un ciudadano de a pie, pero no olvidemos que, al fin y al cabo, son personas.

Pasemos pues de la actividad a la persona: el político, siempre acompañado por la frase todos son iguales. Deberíamos empezar por definirlo: ¿qué es un político? ¿lo es cualquiera que se interesa por lo público? ¿lo es un militante de base de un partido? ¿lo es solamente si tiene un cargo orgánico, o es preciso que desempeñe un cargo público? ¿y una vez se es político, la situación es reversible, o se es hasta la muerte, aunque se deje el cargo? Desde esta visión caricaturesca que aquí critico, parece que vivimos en un mundo de gente honrada, que desempeñan sus diversas ocupaciones, todas muy honorables, de forma intachable, y que en el momento en que pasan a ser políticos (sea cual sea este momento) sufren una especie de enajenación mental que les convierte en deshonestos, intrigantes y mentirosos, amén de en unos inútiles que no saben hacer la o con un canuto y si no fuera por la política estarían durmiendo en el recinto de un cajero automático. O quizás es que este tipo de gente ya es así de nacimiento y por eso acaban en la política, como la cabra que tira al monte.

Exagero a propósito, pero algo o mucho de eso hay. En lo que nadie piensa es que dedicarse a la política supone interrumpir una carrera profesional, que puede ser muy difícil de recomponer posteriormente; que el cargo público no tiene ninguna estabilidad laboral, pues depende de los electores o de quien lo ha nombrado; que para ellos las jornadas tienen muchas más de ocho horas y no hay domingos ni festivos o que los sueldos que se cobran no tienen comparación (en peor) con los de la empresa privada, a igualdad de dedicación y responsabilidad. ¿Cuánto cobraría el Director General de una empresa con un presupuesto como el Ayuntamiento de Barcelona pongo por caso, y cuánto cobra el Alcalde de Barcelona?

Alguien me dirá que entonces tiene que haber otra compensación oculta, pero creo que es suficiente satisfacción el poder llevar a la práctica, con mayor o menor fortuna y acierto, proyectos que, de forma equivocada o no, que eso es opinable, se creen beneficiosos para el conjunto de la ciudadanía. Pero, lamentablemente, si eso lo haces desde una ONG eres tope solidario y concienciado, y si lo haces desde un partido …

Y luego está el tema de que todos son iguales. Y no. Igual que aunque un juez o un abogado sean condenados eso no convierte a todos los jueces o abogados en delincuentes, que un político delinca no convierte tampoco a toda la clase política en delincuentes. Y que un político mienta no quiere decir que todos sean mentirosos. Evidentemente hay políticos que mienten y políticos que delinquen, pero por mucho ruido mediático que generen, no dejan de ser una ínfima minoría. Lo único seguro es que todos los políticos se equivocan alguna vez, como todas las personas, algunos hasta se equivocan muchas veces, pero en democracia los electores tienen en su mano apearle del poder.

Y si esta mala imagen de la política y los políticos perjudica a toda la sociedad, creo que lo hace de forma especial con la izquierda.

Perjudica a toda la sociedad porque la visión negativa de la política causa que los ciudadanos no se impliquen, no participen ni activa ni pasivamente de ella, y cuanta menos participación haya, menos representará la política los intereses de los ciudadanos. Las elevadas tasas de abstención en Estados Unidos deberían servirnos de ejemplo.

Perjudica especialmente a la izquierda por varias razones: la mala imagen de la política ha impedido solucionar de una vez por todas el problema de la insuficiente financiación pública de los partidos políticos, lo que además de perjudicar más a la izquierda que a la derecha, en cuyo presupuesto tienen un mayor peso otras fuentes de financiación como las donaciones anónimas ha provocado el criticable recurso a la financiación irregular, que con razón ha contribuido a empeorar la imagen de la política, en una especie de círculo vicioso. Por otro lado, siendo en general el elector de izquierdas más exigente en lo ético que el de derechas (y ya me parece bien que así sea) y mucho más propenso a quedarse en casa y no votar si encuentra algo reprobable, como Fëarûth nos cuenta en el post que he citado al principio, las críticas generalizadas a la clase política tienen en nuestro electorado un gran efecto desmovilizador.

Ante esto, mantengamos espíritu crítico, pero no solo con la política y los políticos, sino con todas las informaciones que por diversos caminos nos llegan, no efectuemos ni aceptemos generalizaciones injustas, castiguemos con la dureza necesaria los comportamientos incorrectos, pero no criminalicemos de forma global. El ejercicio de la política, del gobierno, es algo tan difícil como necesario (salvo quizás para los anarquistas), no lo olvidemos. Y tengamos claro que si nosotros no hacemos la política, la política se hará igualmente sin nosotros.

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10 Respuestas a Elogio de la política

  1. Isidoro dijo:

    Comparto todo lo que dices. La verdad es que por un momento pensé que Rodríguez Zapatero podía contribuir a dignificar la labor política. Su sonrisa constante, su talante, su paciencia son valores que pueden ser muy positivos en esta labor de dignificación. Pero con la oposición que hay en España, es difícil. Un paseo por los Blogs le da a uno la ídea del nivel de insulto que predomina. Y ojo, que no somos políticos. Parece ser que algunos sólo entienden la política como el arte de insultar y descalificar. ¿Soluciones? Que la gente más educada -y no me refiero a títulos universitarios- se dedique a la política. Pero tal como es el proceso de selección de candidatos es difícil. Quizás, al final, tendremos que resignarnos a ver un patio de colegio todos los días. No lo sé. Soy muy escéptico.

  2. Jimmy Jazz dijo:

    Hola Manuel,
    creo que es importante hacer una matización: existe una diferencia entre la política y la «política profesional» (al menos así me referiré a ella para diferenciarlas). Mi concepto de esta clase política no es nada bueno, como ya he dicho muchas veces. Y cuanto más profesional, cuanto más alejada de la ciudadanía, peor es mi opinión. Sin embargo, mi interés por la política es enorme. Una cosa es pasar de unas instituciones o representantes que (en mi opinión) no tienen ninguna legitimidad y que hacen todo lo posible por perder la poca que tuviesen, y otra muy diferente que seamos indiferentes, que no tengamos ideas propias, que no deseemos el cambio…
    Por eso no estoy para nada de acuerdo con este párrafo:
    Perjudica a toda la sociedad porque la visión negativa de la política causa que los ciudadanos no se impliquen, no participen ni activa ni pasivamente de ella, y cuanta menos participación haya, menos representará la política los intereses de los ciudadanos.
    Los ciudadanos se implican y se manifiestan. En muchos casos la propia abstención es un comportamiento activo (como muestra de rechazo) y no simple abandono. El estar en desacuerdo con una manera de hacer y organizar las cosas no significa que ya no nos importe nada.
    Además, según parece es parte del juego. Egócrata contaba cómo esa desconfianza que crean los políticos es necesaria para que todos permanezcamos vigilantes, para que no nos relajemos. Pues bien, cada uno reacciona a su manera. Hay quien ejerce su presión cambiando su voto cada 4 años. Y hay quien lo hace rechazando de pleno un sistema con el que está en profundo desacuerdo. Pero repito, eso no significa que no le interese el tema o que no pretenda que las cosas cambien y se hagan de otra manera.

  3. Juan dijo:

    Se nota que eres abogado (casi me convences…. con lo del empleo inestable y todo eso) Lo malo es que en este caso te ha tocado defender un delito fraglante.

  4. Manuel dijo:

    Jimmy, tienes razón en que hay gente que no participa en los procesos electorales como forma de protesta, y no por eso deja de interesarles la política. Es legítimo. Lo que no tengo tan claro es que sirva para algo, pero posiblemente votar algo en lo que no crees tampoco sirva.
    Juan, no se trata de convencer, únicamente pretendía decir cosas que comunmente se pasan por alto cuando se califica la situación de los políticos. Aparte de eso, evidentemente quien se dedica a la política desde un cargo público ya sabe dónde se mete, y si lo hace es porque le compensa de una u otra forma.

  5. guimi dijo:

    Creo que para dar dignidad a los políticos bastaría con unos pasos que no parecen dispuestos a dar.
    Por ejemplo, cada vez que para subirse el sueldo hacen referencia a la dignidad del diputado, yo me acuerdo de la lamentable imagen del congreso vaciándose porque la selección de fútbol empezaba un partido del mundial. Y los telediarios la daban como la anécdota graciosa del día.
    Lo raro que es que una votación estén todos los diputados, y las muchas leyes que no se aprueban porque a uno no le ha apetecido trabajar ese día.
    Por no hablar de lo dignos que se les ve chillando, pataleando, silbando, insultando…
    Cada vez que se habla de reducir el coste del despido, recuerdo que un ex-presidente tiene sueldo vitalicio, coche y secretarias (que si ya no trabaja no sé para que las necesita y si trabaja se las tendrán que pagar en el trabajo, ¿no?).
    En definitiva, para dignificar la clase política hay dos pasos fundamentales, que se niegan a dar:
    – programa electoral = contrato (con los márgenes y matices necesarios)
    – trabajo de diputado = cualquier otro trabajo (si no vas a trabajar te despiden, no puedes ponerte a dar grititos y patalear, no se puede insultar, no puedes estar en las reuniones solo cuando te toca hablar ignorando lo que digan los demás…)
    Eso haría ganar mucha confianza en la política.
    Saludos
    http://guimi.net/

  6. Manuel dijo:

    Tienes razón Guimi en que el comportamiento un buen número de políticos es una de las principales causas de su mala prensa. Yo lo citaba al principio, y no me refería solo a la corrupción, sino a ciertas prácticas reprobables en cualquier ocupación: absentismo, falta de respeto por los demás, etc. De todo modos, el tema de la inasistencia necesita un matiz: cuando se discute en el Parlamento un tema muy técnico, quizás un diputado que no sea especialista en el tema hará mejor su trabajo preparando otros temas en su despacho, o teniendo contacto con los electores de su circunscripción que escuchando al orador sin enterarse de nada. Pero si lo que hace es irse a ver el fútbol, no tiene excusa.
    Sobre los dos pasos fundamentales, creo que el tema de igualar el programa a un contrato necesita, como tú dices, muchos matices a la hora de valorar un posible incumplimiento: existencia o no de mayoría suficiente para sacarlo adelante y necesidad de ceder en algunos temas para aprobar otros si se carece de tal mayoría, cambio de las circunstancias existentes en el momento en que se adoptó el compromiso (aplicando algo parecido a la cláusula que los juristas denominamos rebus sic estantibus), etc. Y en todo caso creo que el elector, al menos, tiene derecho a recibir información completa y detallada de por qué no se hace lo que se prometió, pero es un tema delicado. El segundo punto, lo suscribo cien por cien.
    En todo caso, lo bueno de la democracia es que el empresario en este contrato, que son los electores, llegados los cuatro años de duración tienen la facultad de rescindirlo por incumplimiento.
    Saludos

  7. Derem dijo:

    Por curiosidad, ¿por qué dices «siendo en general el elector de izquierdas más exigente en lo ético que el de derechas»? ¿Es una convicción?, ¿un deseo?, ¿tienes algún dato estadístico que lo respalde?

  8. Manuel dijo:

    Derem, la afirmación que recoges es una convicción, obtenida de mi experciencia personal. Conozco gente de derechas y de izquierdas, y mientras algunos de los de izquierdas «se la cogen con papel de fumar», si me permites la frase, y por cualquier cosa se quedan en casa y no votan, los de derechas tienen quizás más clara la importancia de su voto, y los posibles casos de corrupción en sus filas, les importan menos.
    Me gustaría, pero no tengo ningún dato estadístico, ni sé si existe (supongo que es complicado que le preguntes a alguien si tiene ética y que te responda que no). Buscaré por ahí.

  9. Derem dijo:

    Lo comento porque yo tenía el prejuicio justo contrario: la izquierda, por las características de su ideología, es más sectaria.
    Ahora creo que la conducta ética está repartida más o menos por igual, como el resto de los vicios y virtudes humanos. Me debo estar haciendo más viejo, que no más sabio.

  10. Manuel. Como me gusta mucho el post, me he permitido replicarte en otro desde mi blog.
    http://enriquecastro.blogspot.com/2005/10/un-tema-muy-interesante.html
    Un saludo

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