Estos días, a cuenta del Estatut de Catalunya estamos oyendo por doquier hablar sobre la igualdad, sobre todo desde las posiciones conservadoras, pero también desde algunas posiciones progresistas.

Se utiliza mucho la bonita frase de que los territorios no tienen derechos, sino que los derechos corresponden a los ciudadanos (cosa evidente, lo que pasa es que cuando se dice que Catalunya tiene derecho a algo, se quiere decir que sus ciudadanos lo tienen). Se nos dice también a todas horas que todos los españoles deben tener los mismos derechos, sea cual sea la comunidad de residencia, y que el Estatut rompe la igualdad entre ellos.

Si lo tomamos en su sentido estricto, ya hoy no hay igualdad, porque con el marco legal vigente, dependiendo de la comunidad en que resides tienes unos derechos diferentes. No los básicos, pero sí otros también importantes (y si así no fuera, no sé para qué querríamos la autonomía). Y al parecer para algunos la situación actual es la perfecta por los siglos de los siglos.

Pues bien, si resulta que los territorios no tienen derechos, y que en aras de la igualdad no debemos permitir ninguna diferencia, pregunto:

¿Cómo casa con eso que, según datos oficiales del Ministerio del Interior para elegir un Diputado en Barcelona hagan falta más de noventa mil votos (el PSC tuvo en las pasadas elecciones generales 14 diputados con 1.268.028 votos) y en cambio para elegirlo en Soria no hagan falta ni quince mil (el PP tuvo 2 diputados con 29.187 votos)? ¿Es igualdad que el número de votos necesarios para elegir un diputado se multiplique por seis en función de la circunscripción? ¿No preocupa esto a los defensores de la igualdad?

Espero respuestas, pero mucho me temo que en este, como en otros casos, lo malo no es la acción, sino su autor.