Estos días ha presentado el PP su campaña contra el Estatut, fundamentada en que, según dicen, al tratarse de una reforma de la Constitución, debe tramitarse como tal.

Pero la endeblez del argumento es tan poca que me temo que, como la mayoría de campañas de esta gente, va dirigido a un público o incondicional, o poco informado, o ambas cosas. Porque, en este país, y según esa sacrosanta Constitución que tanto invocan cuando les conviene (y que tan poco gustaba a su presidente de honor cuando fue aprobada), quien decide sobre la constitucionalidad de las leyes es el Tribunal Constitucional, y lo hace a posteriori, una vez aprobadas por las Cortes, no a priori. Por lo tanto, si el Estatut es aprobado y el PP entiende que su redacción final (que no tiene por qué ser la actual) vulnera la Constitución, que lo impugne ante dicho Tribunal (cosa que todos sabemos que hará en cualquier caso) y el Tribunal Constitucional será quien lo decida.

Porque, siguiendo el razonamiento pepero, cualquier proyecto o proposición de ley presentado a las Cortes debería tramitarse como reforma constitucional solo con que alguien tuviera dudas de su constitucionalidad. Y en este caso, el Tribunal Constitucional se dedicaría solo a los conflictos de competencias y a los recursos de amparo, porque como todas las leyes serían constitucionales (ellas mismas reformarían la constitución) los recursos y las cuestiones de inconstitucionalidad sobrarían. En fin, una absurdidad más, y ya no sigo por aquí.

Pero me he fijado en que la citada campaña tiene un anuncio donde se ve una foto de tres niños, ahora ya treintaañeros, que reivindican su derecho a opinar si se quiere cambiar la Constitución. Y yo estoy de acuerdo en eso, quiero decir en el derecho a opinar sobre la Constitución, pero sobre la que ahora tenemos. Porque he de decir que yo (que no soy treintaañero sino cuarentón, palabra fea dónde las haya) nunca he podido opinar sobre esta Constitución, porque cuando se celebró el referéndum no pude votar. Y como yo, tantos y tantos españoles, según unos números que he hecho (es que a pesar de todo, soy de ciencias) y que aquí expongo: en el referéndum constitucional votaron sí unos 15.700.000 ciudadanos, que representaban algo así como el 41,60% de la población total (no del censo). Teniendo en cuenta los fallecimientos a lo largo de estos 27 años, de esos votantes del sí pueden quedar vivos algo más de 12.000.000 (es una estimación al alza realizada por mí a partir de datos del INE sobre los fallecimientos desde 1979 hasta 2004, suponiendo que los que votaron la constitución se mueren igual que los que no la votaron, quizás no muy ciéntifica, pero que a los efectos puede servir). Y esos 12.000.000 representan poco más de un 28% de la nuestra población actual. Dicho de otro modo, hay más de 30.000.000 de españolitos y españolitas, más de un 70% de la población que no votaron sí a la Constitución (que no votaron porque no pudieron o porque no quisieron, o votaron en blanco, o votaron no).

¿Quiero decir que esa es una razón por la que la Constitución debe modificarse? Es obvio que no. Países con constituciones más antiguas que la nuestra no las modifican por el solo hecho de que no quede viva ninguna persona de las que las votaron. Pero lo que no podemos hacer, ni con una constitución ni con ningún otro texto legal es sacralizarlo, como algunos pretenden (precísamente aquéllos a los que al principio no les gustaba). Porque si bien es deseable que una constitución, como norma fundante básica, tenga una estabilidad y una durabilidad en el tiempo, también es deseable que su contenido sea acorde con la voluntad de los ciudadanos a los que se aplica, que, por ejemplo ahora en España, en buena medida ni son los mismos que la votaron cuando se promulgó ni tienen por qué compartir sus mismas inquietudes.

Así que si hemos de opinar, yo me apunto. De momento, quiero opinar sobre la monarquía y sobre las relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y demás confesiones, y no dudo que en coherencia con la preocupación que ha demostrado porque podamos opinar, el Partido Popular respaldará esta petición. ¿O no?