He de confesar que le tengo una especial inquina a José María Aznar, porque me parece una persona, amén de mediocre, de lo más mezquino, ruín y miserable (y a las pruebas me remito, y luego comentaré una de muestra), que nunca habría podido soñar con llegar tan alto como llegó, y que no habría llegado de no ser por un cúmulo de circunstancias fruto más del azar que de su valía personal.

Y había hecho firme propósito de no hablar de él, por entender que ya es una página pasada en la Historia de este país que es mejor olvidar, pero hete aquí que me encuentro que la prensa de hoy recoge la exaltación pública efectuada ayer por Mariano Rajoy de su figura, constatación evidente de que el hombrecillo insufrible, adecuado apelativo acuñado por Manolo Saco en sus a veces bruscos pero casi siempre acertados comentarios en 20 minutos, todavía manda, y mucho, en el principal partido de la oposición.

Por eso no puedo por menos que compartir con vosotros algunos pasajes del libro de memorias de Xabier Arzallus que con el título de Así fue debió ser presentado ayer en la Universidad de Barcelona, y que el Cuaderno Dominical de El Periódico de Catalunya recogía en su edición del pasado domingo 16 de octubre (no pongo un enlace directo al pdf que allí se encuentra porque es necesario el registro para acceder a él, aunque el registro es gratuito). No es que Xabier Arzallus sea santo de mi devoción, porque las ha hecho y dicho muy gordas, pero en mi escala se encuentra algo por encima del susodicho Aznar (cosa por otra parte bastante fácil).

En el libro cuenta cosas como la fascinación que Aznar sintió por él en un determinado momento:

Lo de Aznar con mi persona alcanzó extremos realmente

patológicos. Un miembro de su Gobierno me dijo: ‘Hubo un momento

en que tuvo más confianza contigo que con nosotros’.

¡Hay que ver, como cambiaron luego las cosas, y lo que Aznar y los suyos han llegado a decir de Arzallus!

También nos habla de la gran capacidad intelectual de Aznar:

No te aportaba ningún análisis de nada, no proponía nada. Supongo

que tendría una riquísima vida interior, para compensar.

Y nos explica por qué Aznar quiso los votos del PNV para la investidura y el alto precio que por ellos pagó:

No sé por qué Aznar tenía tanto empeño en lograr nuestro voto para

su investidura, pero el caso es que lo tenía y no dudó en pagar un precio

relativamente alto para lograrlo

Alguien nos contó que toda su obsesión era conseguir tantos votos

como los que logró Felipe González cuando fue investido presidente.

Esto no es nuevo, siempre hemos sabido que este individuo era un acomplejado a quien la sombra de Felipe González persiguió durante largo tiempo. Y por culpa de su complejo (el mismo que le llevó a invertir dinero público para conseguir una medalla), no dudó en pagar un alto precio, que además no pagó él, sinó que pagamos todos. Pero claro, era un momento en que los vascos y catalanes eran buenos (aunque antes habían sido malos y luego volvieron a serlo).

Y para ilustrar su sectarismo, aquí está lo que le dijo al jesuita José María Martín Patino:

A Martín Patino lo habían invitado los de Elkarri para alguno de sus actos. Y como él es un hombre muy abierto [...], les dijo que sí.

Al cabo de cierto tiempo, Martín Patino coincidió con Aznar en un acto. [...] Estaba ya en su segundo mandato.

Y se acercó a Martín Patino y le dijo: ‘Me han dicho que usted participa en no sé qué de Elkarri’.

Y el otro respondió: ‘Pues sí’.

Y entonces Aznar le espetó: ‘Usted recibe una subvención que le concede el Gobierno en concepto de… (y le citó de qué era). Pues olvídese de esa subvención’.

Como digo, insufrible hasta el infinito.